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“ENSANCHANDO NUESTRA TIENDA”

Isaías 54:1-17

Si nuestra visión es pequeña, nuestros logros van a ser pequeños. Si por el contrario, nuestra visión es grande y nuestra capacidad para concebir grandes cosas son grandes, entonces Dios llenará el espacio que le hemos abierto. Si abrimos a Dios espacios pequeños, entonces él tiene que forzar su grandeza dentro de esa cajita que le hemos dispuesto.

“Emprended grandes cosas para Dios, esperad grandes cosas de Dios” Este fue el texto de aquel famoso sermón predicado por Guillermo Carey en mayo de 1792 que desafió a las iglesias bautistas reunidas en Notingham, Inglaterra, y que motivó la formación de la primera Junta Misionera Mundial el 2 de octubre de ese mismo año. Y parece ser, que las palabras de aquel humilde zapatero bautista, retumban en los oídos de nuestra iglesia al inicio de un nuevo año, invitándonos a crecer, a ensanchar el sitio de nuestra tienda; a extender las cortinas de nuestras habitaciones; a no ser escasos y alargar nuestras cuerdas y a reforzar nuestras estacas. Nuestro Dios desea ver a Shalom crecer y cumpliendo con los objetivos para los cuales fue creada. Pero además, en un mundo cada vez más convulsionado el Señor nos obliga a ensanchar nuestro testimonio como iglesia de Cristo en esta ciudad. Creo que Shalom tiene la capacidad y la visión para crecer en todas las áreas de su ministerio y ser de bendición a las personas con las que entremos en contacto.

ENSANCHANDO NUESTRO TESTIMONIO

La ciudad de Jerusalén estaba en ruinas y deshabitada desde el año 587ac y sus habitantes se encontraban viviendo como extranjeros en tierras babilónicas. Israel era comparado con una mujer que no había podido tener hijos. El profeta Jeremías retrata dramáticamente cómo se sentía el pueblo en el cautiverio: “Mi tienda está destruida, y todas mis cuerdas están rotas; mis hijos me han abandonado y perecieron; no hay ya más quién levante mi tienda, ni quien cuelgue mis cortinas” (10:20).

Pero en voz del profeta Isaías la gracia y el poder de Dios se revelarán nuevamente al pueblo, Jerusalén una vez más será habitada y Dios quitará la afrenta de su esterilidad. Por eso lo primero que hace el profeta es invitar a Israel a regocijarse, a gozarse porque Dios ha decidido romper las amarras que han mantenido a Israel como un pueblo estéril, sin frutos, sin el cumplimiento de las promesas que el Señor ya les había ofrecido tiempo atrás ¡Levanten canciones, den voces de júbilo porque el Señor traerá una gran cosecha para su pueblo! ¡Preparen el terreno, amplíen sus bodegas, despejen lo que ya no sirve, limpien sus casas y dispongan de lo que necesitan para recibir la bendición! Así como una familia que se prepara para recibir a un hijo tan ansiado, tan esperado por largo tiempo y que parecía que ya nunca llegaría, así el Señor nos pregunta: ¿Están preparados para recibir mi bendición? Si ya se acostumbraron a vivir así, celebren la promesa de Dios para sus vidas. Prepárense, alístense, limpien la casa, desháganse de lo que ya no necesitan y gócense porque mis promesas serán cumplidas en ustedes, y a través de ustedes, a muchos más. ¿Se imaginan que estamos esperando un hijo, y de repente el médico nos dice que no es uno sino tres? Necesitamos más espacio, dos cunas más, más biberones y pañales.

¿Qué no dice el Señor a Shalom con esto? Preparen sus corazones para creer que Dios hará grandes cosas con nosotros; ensanchen el espacio de sus mentes para concebir nuevos sueños y grandes metas; ensanchen el sitio de su amor para comenzar algo nuevo, duradero y pleno; ensanchen el lugar de su paz para levantar a los que no se han reconciliado. Pero también nos dice que extendamos nuestra influencia espiritual, nuestro testimonio de fe y servicio, que no nos limitemos a los que aquí estamos, o a este espacio físico donde nos reunimos, sino que vayamos al encuentro de otros con el mensaje del Evangelio. Levantemos la mirada para contemplar con estos ojos de fe que los campos ya están listos para la siega, que el horizonte de nuestra misión es más amplio y extendido.

¿Con qué recursos lo haremos? En el verso 5 se dice que Dios es nuestro hacedor, el Señor de toda la tierra, y por su nombre y sus obras es que podemos extender con confianza nuestra tienda, nuestra influencia espiritual, sí, en el nombre del Santo y Redentor. En él y por él haremos proezas. Extender nuestras cuerdas nos indica bendecir porque cordón de doble nudo no se rompe

ENSANCHANDO NUESTRA FRTAERNIDAD

¿De qué nos sirve una casa grande y hermosa pero vacía? ¿De qué nos sirve una gran presencia a nuestro alrededor, pero carente de influencia espiritual? ¿De qué nos sirve un gran proyecto pero sin unidad fraternal? ¿De qué nos sirve tener una gran familia sino nos amamos y nos protegemos mutuamente? Cuando el profeta le dice al pueblo: “Extiendan las cortinas de su habitación”, les expresa el anhelo de Dios porque la tienda tenga buena protección, cortinas que cubran la casa de las inclemencias del sol, del viento y la arena. No solo las cortinas servían para embellecer el lugar, sino principalmente para ofrecer seguridad protección, para sus habitantes se sintieran no solo cómodos sino también seguros. ¡Que no haya huecos por donde se cuelen las inclemencias que afecten la salud de sus habitantes. Y la única manera de protegernos es amándonos. ¡Miren cómo se aman! Es la señal inequívoca de que nuestra tienda extendida es una invitación segura para entrar a habitan en ella.

ENSANCHANDO NUESTRA FE

¿Para qué arriesgarnos si así estamos bien? ¿Para qué dar pasos de fe y salir al desierto que nos conduce a la tierra prometida, si como esclavos tenemos ollas llenas de carne? ¡Mejor no le movemos y nos acomodamos con esta fe que no va más allá, pero tampoco perdemos lo ya alcanzado! La fe que no arriesga es fe muerta. Y como ya decíamos, el impacto para bien que produce una iglesia está en proporción a la medida de su fe. ¡Cuánto creemos es cuánto hacemos! Pero el profeta conociendo que algunos se sentían así, le dice: “No seas escasa”.

Cuando entramos a la experiencia de la vida en el Reino de Dios, entramos con todo el equipaje, con todos los recursos, con todas las bendiciones, todas las ayudas, todas las promesas del Reino de Dios están con nosotros, por eso Dios no puede construir una casa de 200 metros cuadrados en un terreno de 10 metros cuadrados. Hay que abrir en nuestros corazones ese espacio de fe lo suficientemente grande para que cosas mayores puedan ocuparse. Si el espacio de nuestra fe es pequeño, la estructura que vaya sobre el espacio tendrá que ser pequeña.

Hay que cultivar esa fe que nos lleve a creer y actuar con la seguridad de que Dios quiere y puede hacer cosas que nosotros no nos imaginamos, y cuando nos atrevamos a pensar así, a sentir así, a actuar así, a no ponerle trabas a Dios, a aceptar los riesgos que entraña caminar con él, a entregar lo mejor de nosotros para el servicio de su obra, eso se convertirá en un imán que atraerá la bendición y alcanzará para todos, y sobre todo para que se cumpla la Palabra cuando dijo: “Yo venido para que tengan vida y vida en abundancia”.

En este mundo hay expertos que se dedica a matar la fe, la esperanza y la capacidad de soñar. Jesús tomó los peces y los panes que aquel niño traía y que puso en fe en sus manos, y el Señor que no defrauda a los que se acercan a él con humildad y sencillez de corazón, los bendijo, los multiplicó y alimento a una gran multitud. Este es un llamado a creer lo mejor, a entregar lo mejor y a caminar con los ojos de la fe que arriesgan porque creen, porque han comprobado que la fe jamás vuelve vacía.

ENSANCHANDO NUESTRAS CONVICCIONES

El profeta trazó el camino, trazó la meta, el pueblo creyó, entregó lo mejor y las cosas comenzaron a suceder. Cuando nuestra capacidad para creerle a Dios se desarrolla, entonces él nos dice: “eso es lo que estaba esperando, que visualizaran algo nuevo y dieran sin regateos pasos de fe, porque yo quiero que sean una iglesia bendita, para bendecir a muchos más. ¿Te atreves a creerme? ¿Te atreves a pensar que yo voy a abrir la ventana de los cielos y voy a darte bendición hasta que sobreabunde en tu vida y a través tuyo a muchos más? ¿Te atreves a creer que yo puedo usarles para vida de tus parientes, vecinos, compañeros; para bendición de los pobres y esperanza de los enfermos y abandonados? ¿Creen esto? ¡Entonces, vive en consecuencia a lo que dicho creer, vive con convicciones! ¿Cómo? “Refuerza tus estacas”. Hay que poner un buen cimiento, profundo y firme. Hay que vivir con convicciones, con congruencia y fidelidad a los principios que fundamentan nuestra fe. Hay que cultivar la oración, la meditación de la palabra, la vida en el Espíritu, hay que vivir de acuerdo a los valores y principios de nuestra fe cristiana; haya que ser la sal y la luz del mundo. Una iglesia que no hace resistencia ética y espiritual no es referente para nadie, mucho menos para aportar en la construcción de una sociedad distinta.

Amados hermanos, Dios pone delante de nosotros una gran promesas y a la vez un gran desafío. ¿Qué le responderemos? “Aquí estamos, Señor, en tu nombre y con la alegría que tenemos por habernos considerados dignos de recibir tu promesa, te decimos que creemos en ti, que abrimos nuestros corazones a la fe y estamos dispuestos a extendernos hasta donde tú nos lleves. Solo una cosa te pedimos, que nos acompañes con tu gracia y cariño; con tu amor y tú poder. Amén.

Rev. Javier Ulloa Castellanos

Domingo 9 de enero de 2011

 

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