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Como jóvenes que saben cultivar su fe en Dios

2 Reyes 5

Mes de la juventud

Cultivar la fe hace posible que la vida transite en una doble dimensión, la primera es la realidad tan humana, con sus crudezas y alegría; pero también en la dimensión divina, cuya acción provoca el desarrollo de facultades espirituales que son capaces de transformar la realidad. Frente a esta doble dimensión de la fe, jóvenes, nunca digan no puedo ni en broma, porque el inconsciente no tiene sentido del humor, lo tomará en serio, y te lo recordará cada vez que lo intentes, y el compromiso que tienen como creyentes no se cumplirá.

Esta historia ya la hemos meditado algún domingo por la tarde, pero lo hicimos desde la perspectiva de Naamán y su relación con el profeta Eliseo. Pero esta mañana no deseo repetirlo ni detenerme en el desenlace con la vida del siervo del profeta, sino deseo que meditemos en una jovencita cuya intervención fue el detonador de toda la trama de la historia, la sanidad y conversión de un general del ejército Sirio y su familia. De una jovencita israelita que estaba en los primeros años de su tierna adolescencia, y como cualquier otra adolescente tenía muchas curiosidades y, sin embargo, empezaba a enfrentar la vida con mucho dolor en su corazón. Ella era la sierva del “general del ejército del Rey” llamado Naamán.

La vida de esta joven me hizo recordar que en el Japón existe una muy curiosa invención que consiste en tablillas delicadas de madera o de paja, las cuales, por medio de cierto procedimiento, cuando se ponen en una vasija con agua se extienden y forman flores y otras figuras de vivos colores. Al ponerlas en el recipiente están secas completamente, y no se puede saber qué figuras son; pero tan pronto como tocan el agua parece que se les inyecta vida y se transforman en una figura de extraordinaria belleza. En esta jovencita cuyo destino parecía marcado por la fatalidad y el sin sentido mantuvo la belleza, la sabiduría y la arrojada fe que solo es obra del Espíritu Santo. Cuando el alma humana está frente a sus grandes contradicciones la acción del Espíritu Santo hace que la vida sea lozana, hermosa y dispuesta a ser con Dios una bendición para el mundo.
Una fe que se cultiva a prueba de amarguras

Lo primero que encontramos aquí es que se nos dice que: “Naamán, general del ejército del rey de Siria, era varón grande delante de su señor, y lo tenía en alta estima, porque por medio de él había dado Jehová salvación a Siria. Era este hombre valeroso en extremo, pero leproso.” Así que aquí tenemos a un hombre de suma importancia, un general del ejército de Siria, que a pesar de todos sus títulos y poderes tenia lepra. En otras palabras estaba sentenciado a una muerte lenta y agonizante. El ejército de Siria hacia incursiones en Israel y acostumbraban llevarse a los ciudadanos de las ciudades o aldeas cautivos para que les sirviesen como esclavos: “Y de Siria habían salido bandas armadas, y habían llevado cautiva de la tierra de Israel a una muchacha, la cual servía a la mujer de Naamán.” La esclava de Naamán era una joven israelita que había sido secuestrada de su casa. Ella había sido arrancada de los brazos de sus padres, para nunca más volverles a ver. En si no sabemos cuán grande fue el sufrimiento de esta niña, pero podemos imaginarlo. Vendida como sirvienta, en un país extraño, con distinto lenguaje, costumbres y creencias: ¡Cuanta amargura habrá sentido en su alma! Cuanto dolor, cuanto odio por sus captores, cuanto deseo de venganza. Ella estaba obligada a servir en la casa del general que probablemente tenía bajo su mando a quienes la habían arrebatado de su hogar, interrumpiendo así una adolescencia tranquila y feliz. ¿Qué habrá sido de su padre y madre; de sus hermanos y hermanas y demás familiares? Ella tenía todas las razones para odiar a Naamán y su esposa. Su capitán fue responsable de muchos ataques contra Israel y muchos israelitas murieron en esas agresiones, incluso es posible que sus padres hayan muerto en esas acometidas. ¿Le faltaban razones para odiar a esta familia? Pero en lugar de odiar a su amo, ella empieza a preocuparse por él ya que estaba padeciendo de lepra, la enfermedad más temida de esos días. ¿Sería lo que hoy se conoce como el síndrome de Estocolmo? Una vez que se enteró de la enfermedad de su amo, le dijo a su señora: “Si mi amo va a ver al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su enfermedad” Qué maravillosa fe de esta joven. Ella habló de sus convicciones sin miedo, su testimonio era audaz y sencillo. Cuántas veces las heridas que se van produciendo a lo largo de la vida, logran cambiar nuestro carácter y nuestra manera de pensar, endureciendo nuestro corazón y transformándonos en personas cínicas, sin creencias ni valores. No así la muchacha de nuestra historia, quien, a pesar del horror pasado y el cautiverio que le toca vivir, se brinda con todo amor y generosidad para ayudar en el problema de su patrón. ¿De dónde vino esa actitud? La forma en que ella actuó en ese hogar pagano, fue debida a la fe que se cultivó en su casa, a la espiritualidad que vivió en su pueblo, al carácter que se formó en un ambiente donde Dios tenía un especial lugar, donde el Espíritu del Señor se movía con entera libertad, de tal manera que fue el caldo de cultivo de una fe que frente a la más profunda contradicción que una joven puede enfrentar, sacó a flote lo mejor y no lo peor de ella. Esta joven fue capaz de poner su trauma frente a la presencia viva de su Dios y frente a las enseñanzas vivas que quedaron grabadas en su corazón y mente. Cuán importante, jóvenes, es saber distinguir entre el placer que ofrecen los deseos del consumo, la fama, la religión de barniz; y la fe profunda, cotidiana, sencilla pero a la vez con raíces bien cimentadas en el conocimiento de primera mano en el Dios de la vida que nos habla todos los días y nos enseña a cultivar un carácter a prueba de amarguras y odios; desalientos y un espíritu vacío. Pero también, cuán importante es que nuestros niños y niñas, adolescentes y jóvenes puedan encontrar en nosotros, sus padres y madres y en nuestra iglesia, ese espacio donde se cultiva esta clase de fe y no una fe de oropel y una religión del consumo de estados de ánimo solamente, pero vacía de contenido que forman carácter y espiritualidad; fe y amor por Dios y su Palabra.

Una fe que se sobrepone a sus contradicciones

Cuando la esclava se entera de la terrible suerte que corre su amo, su actitud no es la de una persona que se alegra de la desdicha del su captor, sino de la que discierne que su fe es capaz de romper con las contradicciones que enfrentaba y transformarlas en sanidad y salvación para un hombre y su familia. La joven esclava vive desde adentro el drama de Naamán, enfermo de lepra, que aunque se encontraba en sus inicios la enfermedad, tarde que temprano, y a pesar de su jerarquía y dignidad, lo convierte en una persona despreciable. Es interesante que el gran general, ahora se ha convertido en un esclavo como su sierva judía. Un leproso era igual que un esclavo, perdía todo derecho, eran menos que humanos. Estaban en igualdad de condiciones. Cara a cara con su igual, esta joven no piensa en que esa puede ser su revancha, sino en cómo puede curarse y habla con su señora para darle esa información.

Ella en ningún momento duda de que Jehová, su Dios, el que no la salvó de manos de los sirios, sea un Dios a quien sigue amando, respetando, creyendo y esperando. Cuando una prueba tremenda llega a la nuestra, ¿reaccionamos así? ¿Seguimos teniendo confianza en nuestro Dios, aceptando su voluntad, o nos desanimamos y nuestra fe decae por completo? Jóvenes, cuando hay confrontaciones entre las contradicciones que vivimos y nuestra fe, tenemos por fuerza que asumir que éstas serán superadas y transformadas porque el Dios de amor, libertador, sanador ha tocado nuestras vidas y las vidas de la gente. Jesús dijo: “Mi reino no es de este mundo”. No se somete a las leyes de este mundo, por eso es que Cristo tomó forma de siervo (esclavo), y estando en esa condición de hombre se humilló a sí mismo; haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz. Y Dios le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla… y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor (Fil 27-11). Jesús rompe con todo condicionamiento social, moral, político, racial y religioso. Esta jovencita lo sabía y su fe le fue contada por justicia. Arriesga su fe en público y Dios lo la defraudó.

Una fe que jamás vuelve vacía

Su palabra es creída por su señora y por Naamán. Esto nos habla de su carácter, de su credibilidad. Una esclava a quien ni Naamán ni su esposa desconfían de que ella les esté mintiendo o armando una trampa. Es una fe activa que se muestra en la vida cotidiana, de manera que cuando se hace palabra e invitación a confiar en ella y en el profeta a quien Naamán es enviado, no dudan en hacerle caso. La joven tiene un estilo de vida absolutamente transparente y honesta, que hace que sus patrones le crean y ayuda así a que el milagro de la curación se haga realidad. Pero hay algo que más me admira de esta joven, que por cierto, ni su nombre conocemos, y es que su fe lleva a Naamán a reconocer que su humanidad no estaba en su poder sino en su encuentro con el Dios que lo liberó de la enfermedad y de su actitud frente a la vida. Porque de algo estoy seguro, y es que este hombre no volvió a ser el mismo jamás.

¿Se imaginan la alegría de ella cuando vio a su amo de regreso sano y un creyente en Dios? Piensen en lo agradecido que este hombre pudo haber estado con lo que esta chica había hecho por él. La sierva de Naamán, al querer lo mejor para su amo, fue bendecida inmensamente por el Señor. Ella era una adolescente que tenía una preocupación sincera y mucha confianza en Dios. Estamos en presencia de un mujer, noble, bondadosa, sabia y con una fe bien arraigada y un carácter bien formado, que hizo que las circunstancias y contradicciones se convirtieran en oportunidades para el servicio, y para cambiar lo esquemas de una sociedad cuyos valores estaban cifrados en clave de esclavitud, poder y guerra. Ahora ella los cifra en clave de amor, servicio, sanidad y libertad. Su fe se mantuvo intacta y su palabra fue creída, y su arriesgada acción que llegó hasta las más altas esferas del poder de su tiempo hizo la gran diferencia en mucha gente.

¿Cómo habrá cambiado su vida desde este suceso? Yo me imagino el amor, el respeto y la gratitud que tanto Naamán como su esposa le habrán prodigado desde entonces a esta joven. Me la imagino libre e igual a sus antiguos amos, viviendo con ellos como parte de la familia. Me imagino a una familia con esquemas nuevos, espiritualidad nueva, una fe nueva y una actitud frente a las contradicciones de la vida totalmente nuevas.

¡Qué gran desafío para nuestros jóvenes hoy en día! A cuántos dilemas se enfrentan todos los días, con cuántas contradicciones tienen que enfrentar su fe en Dios y en Jesucristo. Guarden sus corazones de toda amargura, recuerden que cuando una o un cristiano trabaja, Dios lo respeta; pero cuando cantan, Dios los ama. Cultiven una fe madura, que les haga caminar seguros en Quien han creído y no se avergüencen de ello; más aún, arriesguen su fe en público, que Dios nos los defraudará jamás, pero con los pies en la tierra, es decir, conscientes en dónde están parados y ante que valores se están enfrentando. Sin escapismos, sino cara a acara ante el mundo y con el Señor por delante, reconociendo siempre esa doble dimensión de la fe.Ustedes son como esas tablillas delicadas de madera o de paja, que cuando se ponen en una vasija con agua se extienden y forman flores y otras figuras de vivos colores. Ustedes han tocado esa agua que les inyecta vida y los transforma en figura de extraordinaria belleza. Son hijos e hijas del Dios viviente y discípulos del gran Maestro que está con ustedes todos los días y los ha llamado a seguirle. Amén.

Rev. Javier Ulloa Castellanos | Domingo 21 de octubre de 2012

 

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