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ENSANCHANDO NUESTRA TIENDA

DIOS GUIA NUESTRO FUTURO

Filipenses 3:12-21

 

“Dios guía tu futuro”. Es el título de un libro que leí, siendo yo muy joven. Una frase, que me impactó en su momento, y que hasta hoy ha quedado en mi memoria es la siguiente: “Dios no desperdicia el tiempo contigo, ni con ninguno de sus hijos, todo lo que él te ha permitido estudiar, capacitarte y tener todo tipo de experiencias en la vida., El, con su gracia lo redimirá y todo lo usará para que tú le sirvas; solo tienes que decidirte a seguirlo, él guía tu futuro”. Dios quiere que sigamos corriendo la carrera de la fe, con seguridad y esperanza; El aún no termina su obra en sus hijos, y nosotros aún no hemos hecho todo lo que él quiere que hagamos; pero si hemos decidido seguir a Cristo, entonces habremos tomado la mejor decisión de la vida. Hoy deseamos afirmar con toda convicción que somos una iglesia que se ve desde hoy hacia el mañana, porque proseguimos a la meta.

Pablo recordó su pasado, para declararse redimido por Cristo, el cual es ahora su mayor ganancia (vv.1-11). Ahora en el presente, el también vislumbra el futuro. (vv.12-16) Silo perfecto se entiende aquí (v. 12) como lo que no necesita mejoramiento alguno, o lo que ha sido terminado, entonces Pablo es alguien que todavía tiene mucho que descubrir, aprender y practicar acerca de la fe. Ni todos sus logros ministeriales en su carrera cristiana ya corrida, le permiten sentirse satisfecho. Dios ha puesto en el camino al apóstol, pero no ha terminado con él. En esta carrera no se olvida la meta que está siempre adelante; y es lo único que interesa a Pablo: no dejar de cumplir con el propósito de Dios al cumplimiento de su vocación (v. 13-14) por lo cual fue “asido por Cristo”, El es la meta para Pablo y la semejanza en su vida y obra es el premio. Una vida que busca la plena unión con Cristo.

Pero hay otro tipo de perfección, y habla a los filipenses en este sentido (v. 15). Perfecto equivale a madurez, como un proceso continuo de desarrollo y crecimiento en la vida cristiana. Aquel que cree que ya ha llegado a la meta denota falta de madurez. Pablo anima a sus hermanos a esforzarse por vivir una vida de resucitados en la cual es posible alcanzar una identidad nueva, gracias al poder del Espíritu Santo y a ser copartícipes del amor de Cristo (v.16).

La iglesia de Jesucristo no puede detener su marcha en el caminar de la fe hacia el cumplimiento del sueño, visión y propósito para el cual fuimos “asidos” por Jesucristo. Cada uno de sus hijos, hemos sido asidos por Cristo con una finalidad; cada uno de nosotros somos el sueño de Dios, y debemos de avanzar durante toda nuestra vida en la prosecución y realización del sueño para el que fuimos escogidos. Asidos por Cristo, fuimos encontrados en caminos, intenciones o motivaciones que nos confundían o no llenaban nuestras expectativas y deseos en la vida. Si ahora somos cristianos es porque el Cristo resucitado nos ha tomado de su mano, y ha cambiado la perspectiva y prioridades de la vida.

Asimismo, su iglesia reconoce y agradece a Dios por  todas la buenas cosas que nos ha permitido desarrollar, pero al igual que el apóstol Pablo, no podemos gloriarnos de las conquistas espirituales del pasado y manguar nuestro compromiso cristiano, la iglesia no puede “dormir sobre sus laureles”. Hay que estar vigilantes para que el estancamiento espiritual no nos invada, y nos lleve a “detener” nuestra carrera. La vida cristiana es una vida de sumas y no restas, por ello…se añade a la fe virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad, afecto fraternal y amor. Y si estas cosas abundan en nosotros, no permitirán que estemos ociosos ni sin frutos, en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo (2ª Pedro 1:5-8).

La búsqueda de la madurez cristiana no está exenta de amenazas y peligros, y aunque Cristo es la meta, Pablo tiene sus razones y su aventura a ponerse él mismo como ejemplo; y lo era para los filipenses (v.17). Por su vida y obra tiene la autoridad espiritual para pedir a esta iglesia amada que lo imiten. De igual modo incluye a Timoteo, Epafrodito y a otros lideres de la iglesia. “No somos perfectos”, pero si buscamos vivir a Cristo, no solo en lo que decimos, sino también en lo que hacemos; por nuestros frutos somos conocidos y sabemos que glorificamos a Cristo con nuestras vidas.

Pero hay otros a los que no se debe imitar 8vv. 18-19). Como ya antes había advertido sobre los judaizantes, al parecer hay otros grupos que intentan desequilibrar la vida comunitaria. No se sabe con exactitud quiénes eran, pero por la angustia y tristeza de Pablo, podemos suponer que eran “cristianos” que tenían relación con la iglesia de Filipos; les llama “enemigos de la cruz de Cristo”, su conducta está sujeta a “sus pasiones y deseos” y no a una vida de liberad en Cristo. Más bien se aprovechan del cristianismo para predicar “otro evangelio”. Se jactan de lo que deberían avergonzarse. Utilizan argumentos engañosos para justificar sus pecados. Aparentan ser cristianos, pero niegan el poder de la cruz para transformar la vida. Ambos ejemplos han de tomarse en cuenta, unos para seguirlos, otros para evitarlos.

“Que en mí puedan ver a Jesús…”dice un himno tradicional evangélico, ¿cómo ven a Cristo en nosotros? Quizá tengamos temor de decir a otros: imítame, pero a la vez, podemos decir, lo intento cada día y vale la pena ser cristiano. Sin duda es la misma tensión que experimentó Pablo cuando afirmaba: porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero eso hago…,quién me liberará de este cuerpo de muerte?(Rom. 7:19-24), entre n o sentirnos perfectos, pero si fieles a hacer la voluntad del Señor en nuestras vidas.

Todos en algún momento podemos ser modelo para los demás en la iglesia, en la mutua edificación que produce confianza y alegría, ser ejemplos que construyan la comunidad.

Otros ejemplos destruyen. ¿Cómo discernir a los enemigos de la cruz de Cristo? A los que niegan el poder de la gracia y de la cruz redentoras; a los que no están dispuestos a dejar nada de su vida por Cristo; a los que confunden y dañan, tanto con sus palabras, como con sus acciones. ¿Alguna vez nos podemos convertir en enemigos de la cruz de Cristo? Cuán fácil es confundir la voluntad de Dios, con nuestros propios deseos personales o a conveniencia. Qué triste sería despertar un día a la realidad de que hemos vivido para nosotros mismos y no para la gloria de Cristo, que hemos buscado el camino fácil y cómodo para evitar la cruz que nos corresponde. Como hijos del Padre transitamos el camino de la cruz del Hijo, que renuncia y abandona todo lo que no sea del sentir del Cristo (Fil. 2:1-11).

Proseguimos a la meta como peregrinos en esta tierra, hacia el futuro de la plena redención de todas las cosas. Si otros piensan solo en lo terrenal, los hijos de Dios vivimos en la esperanza del cielo y tierra nuevos. Nuestra ciudadanía está en los cielos (v. 20), pero hoy corremos esta carrera como ciudadanos del Reino de Dios aquí en la tierra. Ciudadanía que nos impulsa y compromete a ser congruentes con la vida en Cristo. Es el nuevo reino que está amaneciendo, el nuevo reino que está entre nosotros, el reino que aguardamos al final de los tiempos. Con la suficiencia de Cristo, proseguimos a la meta, y vivimos en la esperanza de que Dios guía nuestro futuro. A la vez que trabajamos con alegría y disposición como portadores de buenas nuevas para que el futuro de otros sea mejor y más pleno. Y esto nos basta. AMEN

Rev. Rebeca Montemayor L./7 de agosto de 2011

 

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